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Malformaciones linfáticas en niños

Aspectos generales

Una malformación linfática es un vaso linfático que no se ha formado de manera normal. El vaso retiene el líquido linfático y provoca la formación de quistes. Su hijo puede tener uno o varios de estos quistes.

Los vasos linfáticos son parte del sistema linfático, que a su vez es parte del sistema inmunitario. El sistema linfático ayuda a combatir infecciones y otras enfermedades. También ayuda a mantener el equilibrio de líquidos del cuerpo. Para lograrlo, vacía el líquido adicional en los vasos sanguíneos. Este sistema incluye:

  • Linfocitos. Glóbulos blancos que combaten las infecciones y las enfermedades.
  • Linfa. Glóbulos blancos que contienen líquido.
  • Vasos linfáticos. Tubos finos que llevan el líquido linfático por todo el cuerpo.
  • Ganglios linfáticos. Son glándulas en forma de frijol. Se encuentran en la axila, la ingle, el cuello, el pecho, el estomágo y otras partes del cuerpo.
  • Otros órganos o tejidos orgánicos. Por ejemplo, la médula ósea, el bazo, el timo y las amígdalas. Otros órganos, como el tracto digestivo, también contienen tejido linfático.

Algunas malformaciones linfáticas afectan el tejido circundante. Esto provoca problemas y hace que el tejido no funcione como debería. Por ejemplo, una malformación en el pecho puede provocar problemas respiratorios. Esto puede poner en peligro la vida del niño.

Causas

Una malformación linfática es un problema congénito, de nacimiento. Esto significa que el problema se generó durante el embarazo, cuando el bebé se estaba formando. Cuando se formaron los vasos linfáticos, puede que quedaran obstruidos o agrandados. Esto puede propiciar la acumulación de líquido linfático.

Factores de riesgo

Las malformaciones linfáticas no se heredan. Esta enfermedad es más común en bebés de gestantes de edad avanzada. Los bebés con determinados problemas cromosómicos también tienen un mayor riesgo de padecerla. Entre ellos, los niños con síndrome de Down o síndrome de Turner.

Síntomas

En la mayoría de los casos, el profesional de la salud puede detectar los síntomas desde el nacimiento. Si el niño no presenta síntomas al nacer, lo más probable es que se desarrollen antes de los 2 años.

Los síntomas pueden ser ligeramente diferentes en cada niño. Los síntomas varían en función del tamaño y la ubicación de la malformación, y pueden incluir:

  • Una masa o bulto suave y liso. Habitualmente se encuentra en el cuello. También puede aparecer en la cabeza, la boca, la lengua, el ojo, el pecho, el estómago, los brazos, las piernas, el escroto y el pene.
  • Un bulto o masa que se agranda con rapidez. Puede deberse a una infección o sangrado.
  • Inflamación, dolor, sangrado e infección. Las señales de infección pueden incluir enrojecimiento, calor en la zona, hinchazón o secreción.
  • Una malformación en el pecho puede producir problemas respiratorios y de deglución.
  • Una malformación en el ojo puede provocar problemas de visión.

Los síntomas de esta enfermedad pueden asemejarse a los de otros problemas de salud. Asegúrese de que su hijo vea a un profesional de la salud para recibir un diagnóstico.

Diagnóstico

El profesional de la salud puede detectar esta enfermedad con una ecografía durante el embarazo.

Es posible que también sea necesario hacer una imagen por resonancia magnética durante la gestación. Es un tipo de prueba que puede mostrar cualquier malformación linfática. En las imágenes por resonancias magnéticas se utilizan imanes grandes, ondas de radio y una computadora para producir imágenes.

Tras el nacimiento, el profesional de la salud de su bebé puede diagnosticar una malformación durante un examen. Puede que también sea necesario realizarle las siguientes pruebas:

  • Tomografía computarizada. Una tomografía computarizada muestra imágenes detalladas en rayos X de cualquier parte del cuerpo. Esta prueba mostrará si hay otros órganos conectados con la malformación.
  • Imagen por resonancia magnética. También se puede realizar una imagen por resonancia magnética tras el nacimiento. Es una prueba más detallada que la tomografía computarizada.

Tratamiento

El tratamiento dependerá de los síntomas, la edad y el estado de salud general de su niño. También dependerá de la gravedad de la anomalía.

El profesional de la salud puede remitir a su bebé a un especialista para que decida un tratamiento. Puede que también tenga que consultar a un otorrinolaringólogo (médico del oído, la nariz y la garganta) o a un cirujano. Y a un médico especialista en procedimientos con imágenes (radiólogo intervencionista).

Observación

El profesional de la salud de su hijo puede decidir observar y controlar (monitorear) la malformación. Para ello, prestará atención a señales de infección, sangrado o aumento del tamaño.

Medicamentos

Si su hijo tiene una infección, necesitará antibióticos.

Cirugía

Puede que también necesite cirugía para quitar (extirpar) quistes pequeños o grandes. Los quistes pueden extirparse de forma total o parcial.

Escleroterapia

Es posible que haga falta aplicarle inyecciones en los quistes a su hijo para poder eliminarlos. Y quizá sea necesario repetir los tratamientos.

Tratamiento con láser o ablación por radiofrecuencia

Estos tratamientos destruirán los quistes con láser u ondas de radio. Estos tratamientos se utilizan en quistes pequeños o quistes ubicados en la boca o la piel. Puede ser necesario aplicar varios tratamientos o realizarlos en combinación con otros.

Complicaciones

Una malformación linfática sin tratar puede provocar problemas. Puede crecer con rapidez, infectarse o sangrar. Incluso después de un tratamiento la malformación puede volver a producirse.

Puede haber otras complicaciones en función de la ubicación y el tamaño de la malformación. Entre ellos, se encuentran los siguientes:

  • Los quistes grandes en el cuello o el pecho pueden producir problemas respiratorios y de deglución. Esto puede suponer un riesgo para la vida del niño
  • Sangrado
  • Infecciones
  • Tejido blando o hueso mal formados
  • La cirugía puede dañar el tejido circundante y provocar sangrado u otros problemas.
  • La escleroterapia puede provocar problemas según el medicamento que se use

Cómo sobrellevar

Si su hijo padece esta enfermedad, el profesional de la salud podría mantener la malformación en observación para detectar posibles cambios. Es posible que después de la cirugía u otros tratamientos su hijo necesite recibir atención de seguimiento. Asegúrese de acudir a todas las consultas con el profesional.

Su hijo puede llegar a necesitar atención odontológica especial. También es posible que deba prestar especial atención para no dañar la zona afectada. Hable con el profesional de la salud de su hijo sobre cómo ir controlando la enfermedad.

Cuándo se debe llamar al profesional de la salud

Llame al profesional de la salud de su hijo si este tiene problemas para respirar o tragar. Si esto sucede repentinamente, llame al 911 o acuda a la sala de urgencias.

Además, llame al profesional de la salud de su hijo si la malformación cambia de tamaño, sangra o parece haberse infectado. La señales de infección incluyen enrojecimiento, calor en la zona, hinchazón, dolor y secreción.

Puntos claves

  • Una malformación linfática es un vaso linfático que no se ha formado de manera normal. El vaso retiene el líquido linfático y provoca la formación de quistes. Su hijo puede tener 1 o más quistes.
  • Es una enfermedad de nacimiento.
  • Suelen aparecer habitualmente en el cuello.
  • La mayoría de las malformaciones linfáticas se diagnostican ya en el nacimiento. En el resto de los casos se diagnostican alrededor de los 2 años de edad.
  • El tratamiento puede incluir cirugía para extirpar la malformación linfática u otros métodos para destruirla.

Próximos pasos

Recomendaciones para aprovechar al máximo la consulta con el profesional de la salud:

  • Conozca el motivo de la consulta y defina su objetivo.
  • Antes de la consulta, anote las preguntas que desea hacerle al profesional de la salud.
  • Durante la visita, anote el nombre de cualquier diagnóstico, medicamento, tratamiento o estudio nuevos. También anote las nuevas instrucciones que le dé el profesional de la salud.
  • Pregunte por qué se le receta a su hijo cada nuevo medicamento o tratamiento y cómo lo ayudará. También conozca los efectos secundarios.
  • Pregunte si la anomalía de su hijo se puede tratar de alguna otra manera.
  • Pregunte por qué se recomienda determinado estudio o procedimiento y qué podrían significar los resultados.
  • Tenga claro lo que puede ocurrir si su hijo no toma los medicamentos o no se somete a las pruebas ni a los procedimientos.
  • Si su hijo tiene una cita de seguimiento, anote la fecha, la hora y el objetivo de la consulta.
  • Consulte cómo puede comunicarse con el profesional de la salud fuera del horario de atención. Esto es importante en caso de que su hijo se enferme y usted tenga dudas o necesite asesoramiento.

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